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Piloto de parapente con la vela inflada sobre él en el despegue, en terreno volcánico del norte de Tenerife

¿Cuánto viento es necesario para volar en Parapente?

Menos del que la gente imagina. De hecho, se puede despegar sin nada de viento.

El rango en el que despegamos va de 0 a 20 km/h, siempre con el viento de frente. Y esa horquilla explica casi todo lo que hay que saber sobre el tema.

Con poco viento, se genera al despegar

Si no hay viento, hace falta que el aire pase por encima de la vela de alguna manera. Y la forma de conseguirlo es sencilla, moviéndonos hacia delante.

Cuanto menos viento haya, más impulso tenemos que poner al despegar. Cuanto más viento de frente, menos esfuerzo hace falta. Con buenas condiciones bastan unos pasos.

Esto responde a la duda más habitual de quien va a volar por primera vez. No, no hay que echar una carrera ladera abajo. En la mayoría de nuestros despegues se camina, o se camina rápido, junto al piloto.

¿Y si hay demasiado viento?

Por encima de esos 20 km/h, no se vuela.

Puede sonar tajante, pero es exactamente lo que hay que hacer. Si el día no acompaña, se cambia la fecha. Nunca al revés.

Por eso, al concretar el día, lo primero que se mira es la previsión. Un vuelo aplazado siempre es mejor que un vuelo forzado.

De dónde viene el viento que usamos

El viento con el que volamos es, casi siempre, viento meteorológico de ladera. El aire llega del mar, choca con la pendiente y asciende.

A eso se suman de vez en cuando los ciclos térmicos. El sol calienta el terreno, se forman burbujas de aire ascendente y durante unos instantes el viento se intensifica. Después vuelve a mandar el viento meteorológico.

Los pilotos leen esos ciclos y eligen el momento del despegue. Es una de las cosas que se aprenden con los años y que no se ven desde fuera.

El Teide es un caso aparte: la densidad del aire

Aquí hay un detalle que casi nadie cuenta y que explica por qué el despegue de Izaña es especial.

A 2.200 metros de altitud el aire es menos denso, con menos moléculas en el mismo volumen. Y como lo que sostiene la vela es la masa de aire que la atraviesa, no solo su velocidad, eso cambia las cuentas.

En la práctica significa que arriba podemos despegar con algo más de viento, en torno a los 25 km/h, que a nivel del mar. El anemómetro marca más, pero el efecto sobre la vela es equivalente.

Por eso la intensidad del viento no se mira nunca sola, porque hay que saber a qué altitud se está midiendo.

El viento tiene que venir de frente

No basta con que la intensidad sea la correcta, porque la dirección manda tanto como la fuerza.

Solo se despega con viento de frente, dentro de una ventana de unos 45 grados. Fuera de ese margen no se despega, por muy suave que sea el viento.

Con viento cruzado o de cola no se vuela. Es una cuestión de seguridad y no admite excepciones, porque la vela necesita que el aire la atraviese de frente para inflarse y sostener correctamente.

Por eso volamos en varias zonas orientadas de distinta forma. Si un día la dirección no acompaña en un despegue, puede que sí lo haga en otro.

Entonces, ¿qué día se vuela y qué día no?

  • 0 a 20 km/h de frente: condiciones de vuelo.
  • Sin viento: se vuela igual, con más impulso en el despegue.
  • Más de 20 km/h (algo más en el Teide): se aplaza.
  • Viento cruzado o de cola: no se despega, aunque sea flojo.

Y hay algo importante que conviene saber, y es que de esto no tienes que preocuparte tú. Cuando reserves tu vuelo y digas qué día te apetece volar, se mira la previsión y se elige la zona que mejor funcione ese día. Volamos en varias zonas del norte y el este de la isla precisamente por eso.

Reserva tu vuelo, que del viento ya se ocupa el piloto.