19 Jul Parapente en Taganana, la ladera del alisio en Anaga
Taganana es uno de los grandes lugares de vuelo libre del norte de Tenerife. Los primeros vuelos allí se hicieron hace más de treinta y cinco años, y desde entonces la ladera se ganó una reputación que sigue intacta entre los pilotos de la isla.
Conviene decirlo de entrada. Hoy no se vuela en Taganana. El despegue estaba en un terreno privado y, tras una serie de conflictos, su propietario decidió cerrarlo. Esperamos que vuelva a abrirse pronto. Mientras tanto, esta página explica cómo es volar allí y por qué esa ladera funciona como funciona.
El alisio contra la pared
El viento que predomina en Canarias es el alisio, y entra del noreste. La ladera de Taganana está orientada exactamente a esa dirección.
Cuando el alisio llega a esas paredes no tiene por dónde escapar, así que sube. Ese aire ascendente es el que sostiene el parapente. No hace falta térmica, no hay que esperar a que caliente el sol ni ir buscando burbujas. Mientras el alisio sople dentro de la ventana, la ladera da.
La ventana es estrecha, entre los 15 y los 30 grados. Fuera de ahí el aire deja de pegar limpio contra la pared y el sitio no funciona. Dentro, funciona prácticamente todo el año.
Eso convierte a Taganana en algo distinto del resto de la isla. Desde el Teide se despega a 2.200 metros y se vuela aprovechando la altura ganada. En Los Realejos se cruza el valle de La Orotava hasta el mar. Taganana es vuelo de ladera puro, surfeando el aire que las propias paredes empujan hacia arriba.
Vuelo de ladera y vuelo térmico, en qué se diferencian
La mayoría de los vuelos en parapente dependen de las térmicas, columnas de aire caliente que se despegan del suelo cuando el sol calienta la ladera. Son la forma habitual de ganar altura y tienen dos inconvenientes. Aparecen a determinadas horas del día y son irregulares, con subidas y bajadas que el pasajero nota.
El vuelo de ladera funciona de otra manera. El aire asciende porque tiene una pared delante, no porque esté caliente. Eso lo vuelve mucho más constante, más previsible y, para quien vuela por primera vez, bastante más cómodo. No hace falta que el día sea soleado ni que sea mediodía. Hace falta que sople el alisio dentro de su ventana.
Por eso las zonas del norte no compiten entre ellas. Se puede volar en Los Realejos y se puede volar en Taganana, porque no dependen de lo mismo.
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Se despega a 300 metros y se vuela mucho más alto
El despegue está a unos 250 o 300 metros sobre el mar. Esa es la cota de salida, no la del vuelo.
Con el alisio entrando bien, lo habitual es elevarse hasta los 500 o 600 metros, y en algunas condiciones hasta los 700. Se sube por encima del punto de despegue, que es justo lo que permite un vuelo de ladera y no permite uno de altura, donde desde el primer segundo solo se puede descender.
Un vuelo biplaza en Taganana dura entre 25 y 30 minutos. No es un descenso, es tiempo sostenido sobre la pared.
Ocho kilómetros de pared
La ladera de Taganana da unos ocho kilómetros de recorrido, desde Los Roques hasta Punta del Hidalgo.
Volarlos enteros es otra cosa. En monoplaza se hacen, y con un piloto experimentado también. Con pasajero, no. En un biplaza el pasajero va delante y el piloto detrás, y volar acompañado cambia la responsabilidad. El plan de un biplaza es siempre del punto A al punto B, sin improvisar por el camino. Es una decisión de seguridad, no una limitación del sitio.
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Los aterrizajes, en la arena negra de Benijo
El aterrizaje habitual es la playa de Benijo, arena volcánica oscura con los roques delante y el Atlántico rompiendo al lado. Roque de las Bodegas es la otra opción y se usa según el día.
Terminar un vuelo en una playa como esa no es un detalle menor. En la mayoría de zonas de vuelo se aterriza en un campo, y aquí el final del vuelo forma parte del paisaje tanto como el principio.
Lo que se ve desde ahí arriba
Los roques emergiendo del agua, la laurisilva cubriendo las cumbres como una mancha continua y el caserío abajo, minúsculo entre sus bancales.
Anaga es Reserva de la Biosfera desde 2015, y los mismos alisios que permiten volar aquí son los que mantienen viva esa laurisilva, un bosque de niebla que desapareció del resto de Europa hace millones de años y que aquí sobrevive gracias a la humedad que trae ese viento.
Son vistas que no se repiten en otro sitio. La orografía de Anaga, con sus paredes cayendo a plomo sobre el mar, no tiene equivalente en el resto del archipiélago.
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Por qué hoy no se puede volar
El despegue estaba en una propiedad privada. Tras una serie de conflictos, el propietario decidió cerrarlo. Fue su decisión y se respeta.
A día de hoy no hay vuelos en la zona ni manera de organizarlos. Esperamos que vuelva a ser posible más pronto que tarde, porque pocos lugares en Europa reúnen lo que reúne esta ladera.
Mientras tanto, dónde se vuela en el norte de Tenerife
El norte de la isla tiene otras dos zonas abiertas, y el mismo alisio que hace volar Taganana es el que permite salir cerca de 325 días al año.
Desde el Teide se despega a 2.200 metros y se aterriza en la costa. Desde Los Realejos se sobrevuela el valle de La Orotava hasta la playa de El Socorro. Son dos vuelos muy distintos entre sí y distintos también de lo que da una ladera como la de Taganana.
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